POR EL LENTO PASO DEL TIEMPO
Tú que, clavado en este madero,
A la humanidad te entregaste,
Buscando salvar las almas extraviadas
Y perdidas entre los placeres de este
mundo.
Ahí estás tú, Señor Jesús,
Colgado en este madero
Con la mirada fija en mi alma
Escudriñando cada latir de mi existencia fugaz.
Ahí estás, siempre callado y
Anhelando un instante de diálogo conmigo.
Y yo, perdido en el trajín del diario vivir,
A tu presencia paso de largo.
Pasan los años, pasan los meses
El tiempo corre, a veces lento, otras veces no.
Y tú sigues ahí clavado, paciente, muy paciente...
¿Qué prisa habrías de tener?
Acaso estás sujeto al tiempo?
¿No eres tú dueño de él y también del cosmos?
Incompleto
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