Fuimos sombra entregada De la luna llena que baña Su lengua en la desnuda alfombra Blanca de superficie rugosa. Mis labios recorrían la aurora Y el crepúsculo tras las huellas De lo infinito, lo eterno y lo constante Plasmado en tu cuerpo ardiente. Aquella fina brisa creciente De la noche fervorosa, Colgada entre mis deseos en llamas, Esa eras tú, verbo eterno... Tu “encanto” fue la copa de vino Rebosada, que gota a gota Se derrite como el rocío sobre el césped, Y que mis labios libaron con esmero. Embriagados ya de emoción, Mi antorcha encendida sostienes, Queriendo tomar el control De esos empujes desmesurados y rítmicos. Un vaivén mezclado y desnivelado Que, despacio y sin prisa alguna, Dirige nuestros pasos hacia el templo de la gloria A tributar una ofrenda a Venus y Afrodita. El eco de tus gemidos Preñado de satisfacción Recorre aquel verde pradera Hasta perderse en la nada. Hoy toda duda se desvaneció; A...